Por un salario mínimo para vivir, no sobrevivir

¿POR QUÉ SE CONVOCA ESTA HUELGA?

Porque cada vez más gente trabaja a jornada completa y sigue siendo pobre. Alquiler, comida, energía y servicios básicos suben sin parar, mientras los salarios se quedan atrás.

Un salario mínimo que no permite vivir no es un mínimo digno: es precariedad legalizada y empobrecimiento.

¿POR QUÉ UN SALARIO MÍNIMO PROPIO?

Porque el coste de la vida en Euskal Herria es claramente superior al del conjunto del Estado.

El SMI estatal no cubre el coste real de vivir aquí. Trabajar no debería significar elegir entre alquiler o calefacción.

Mantener un SMI uniforme ignora esta realidad y consolida una pérdida permanente de poder adquisitivo, especialmente en los tramos salariales más bajos.

Si el salario mínimo no garantiza una vida digna, es insuficiente por definición.

¿NO ES INSOLIDARIO CON EL RESTO DE LA CLASE TRABAJADORA DEL ESTADO?

Al contrario.

Cuando en un territorio se conquista un derecho, se crea un precedente para el resto.

Cada avance local eleva el listón general.

La solidaridad no es esperar a que nadie avance. Es avanzar y abrir camino.

EL GOBIERNO VASCO Y NAVARRO DICEN QUE NO TIENEN COMPETENCIAS. ¿ENTONCES PARA QUÉ HUELGA?

Ese argumento sirve para no hacer nada.

Los derechos laborales nunca han nacido de una competencia administrativa, sino de presión y conflicto colectivo.

Cuando las instituciones bloquean el debate, la huelga es la herramienta para forzar que se abra.

La ley no cambia sola. La cambian las correlaciones de fuerza.

SI LA PATRONAL SE NIEGA A NEGOCIAR, ¿NO DEMUESTRA ESO QUE LA HUELGA ES INÚTIL?

Precisamente al revés. Si la patronal se niega siquiera a sentarse, está dejando claro que no piensa ceder voluntariamente ni un euro.

Esperar buena voluntad empresarial es perder el tiempo.

Históricamente, ninguna mejora laboral ha salido de la generosidad del empresario:

  • ni la jornada de 8 horas
  • ni las vacaciones
  • ni los convenios
  • ni las subidas salariales

Todo se ha conseguido parando la producción y generando costes al capital.

La patronal solo negocia cuando no hacerlo le sale más caro que negociar. Eso es exactamente lo que hace una huelga.

Si no hay presión, no hay negociación. Si no hay conflicto, no hay cambios.

¿NO SERÍA MEJOR DIALOGAR QUE HACER HUELGA?

Dialogar sin presión es pedir favores.

La experiencia demuestra que la llamada “concertación social” suele rebajar reivindicaciones y desactivar conflictos, subordinando las necesidades obreras a los intereses de la patronal y de los gobiernos

La huelga no sustituye al diálogo: lo hace posible en condiciones reales.

¿SUBIR EL SMI NO DESTRUIRÁ EMPLEO?

Ese argumento aparece siempre que se mejora un derecho. Se dijo con la jornada de 8 horas, con las vacaciones, con cada subida salarial.

El problema no son los salarios. El problema es que los beneficios empresariales nunca se cuestionan.

Además:

  • salarios más altos => más consumo => más actividad económica
  • menos pobreza laboral => más estabilidad social

No se puede sostener una economía sobre sueldos de miseria.

“YO COBRO MÁS DEL SMI, ESTO NO ME AFECTA”.

Sí te afecta.

El SMI marca el suelo de toda la escala salarial:

  • empuja convenios hacia arriba
  • mejora la negociación colectiva
  • reduce la precariedad general

Cuando sube el mínimo, sube la referencia para todos.

¿NO ES UNA HUELGA SOLO DE ELA Y LAB? ¿DÓNDE ESTÁ LA UNIDAD SINDICAL?

Hay más sindicatos que llamamos a la huelga. Pero esperar a que todas las direcciones sindicales se pongan de acuerdo suele significar no hacer nada nunca.

La unidad real no es una foto de siglas.

Es luchar por objetivos concretos que mejoren la vida de la clase trabajadora.

Si otros sindicatos no convocan, la respuesta no puede ser quedarse en casa. Los derechos no se aplazan hasta que las cúpulas lo autoricen.

¿POR QUÉ CNT APOYA ESTA HUELGA?

Porque el aumento del salario mínimo es necesario e inaplazable. La realidad material de la clase trabajadora lo confirma cada día

Pero también porque entendemos que esto no es un debate técnico, sino un conflicto directo entre capital y trabajo.

El capital ha descargado sobre nuestras espaldas:

  • el encarecimiento de la vivienda
  • la subida de la cesta de la compra
  • el deterioro de los servicios públicos

Exigir un salario mínimo justo significa que esos costes no los paguemos quienes vivimos de nuestro salario

¿LA SUBIDA DEL SMI ES SUFICIENTE?

No.

Es condición necesaria, pero no suficiente.

Debe ir acompañada de:

  • organización en los centros de trabajo
  • movilización sostenida
  • reducción de jornada sin pérdida salarial
  • control real de precios
  • pensiones justas
  • eliminación de la precariedad
  • reparto de riqueza

Sin organización, cualquier subida se la come la inflación

¿QUÉ PAPEL DEBE TENER LA HUELGA?

No debe ser un gesto simbólico.

Una huelga es una herramienta de fuerza y debe:

  • prepararse en los centros de trabajo
  • generar asambleas
  • reforzar organización
  • aspirar a paralizar realmente la producción

Si no fortalece la organización desde abajo, pierde eficacia

Para la CNT, el 17M es un primer paso, no un punto final.

 

 

Si trabajar no te permite vivir…

si cada año pierdes poder adquisitivo…

si todo sube menos tu salario…

¿Vas a esperar a que lo arreglen por ti?

Organízate. Participa.

El 17 de marzo, huelga general.

  • La sección sindical de CNT junto a la parte social en Tubos Reunidos ha rechazado la justificación del ERE presentada por la dirección al considerar que “no acredita las causas ni fundamenta las medidas planteadas”, y ha solicitado documentación adicional para verificar la información aportada.
  • La mesa negociadora del ERE ha constatado “incoherencias, falta de transparencia y ausencia de un plan de viabilidad” en la documentación presentada por la empresa, cuestionando la urgencia del proceso y la veracidad del escenario descrito por la dirección.

El martes 17 de febrero ha tenido lugar una nueva reunión de la mesa negociadora del ERE en Tubos Reunidos. La jornada ha comenzado con un fuerte despliegue policial en el entorno de la planta.

La totalidad de la parte social ha trasladado a la empresa que “la memoria explicativa no justifica ni los despidos ni el resto de las medidas planteadas”. En este sentido, se ha solicitado un volumen significativo de documentación adicional para poder “fiscalizar tanto lo explicado como lo que no se ha incluido en la información presentada”.

Según la representación sindical, “existen incoherencias y falta de transparencia”, y la documentación aportada “presenta una visión sesgada, orientada a sostener un relato catastrofista por parte de la dirección”. Asimismo, se ha señalado que la empresa muestra “una prisa injustificada por ejecutar el proceso”.

Entre las principales cuestiones señaladas destacan:

·      “No existe un plan de viabilidad”.

·      “No se acreditan correctamente las causas alegadas”.

·      “Se obvian posibles medidas relacionadas con los aranceles de la Comunidad Económica Europea y un posible repunte del mercado reconocido por el propio sector”.

·      “Se oculta información sobre gestiones con otras empresas, tanto acerías como operadores logísticos”.

Desde la CNT se considera que “todo ello mina la credibilidad de la empresa” y que el expediente “debería ser retirado”.

También se ha denunciado que la dirección pretende “aprovechar la coyuntura para reforzar su posición mediante amortización de deuda, financiación, externalización del trabajo y destrucción de empleo”. En este contexto, se ha planteado la siguiente cuestión: “¿Se invierte en una acería para cerrarla en apenas dos años?”.

Al finalizar la reunión, la empresa ha presentado una oferta relativa al proceso de despidos. Para la parte social, “esta actuación está completamente fuera de lugar, ya que el debate actual debe centrarse en las causas”. Asimismo, se ha advertido de que “existe una clara intencionalidad de dividir a la plantilla y contaminar el relato de la negociación”.

Desde la sección sindical de CNT se considera que “las movilizaciones deben ser la respuesta a este ataque” y se hace un llamamiento a “secundar todas las convocatorias y mantener la unidad”

  • CNT llama a hacer huelga este 17 de marzo
  • En las siguientes líneas se puede leer el comunicado de CNT Gipuzkoa y CNT Bilbo

Desde CNT entendemos que el aumento del salario mínimo no es solo necesario, sino urgente. Existen razones económicas y sociales más que suficientes para sostener esta exigencia, y la realidad material de la clase trabajadora en Euskal Herria lo confirma día a día.

Hay motivos de sobra para parar este 17 de marzo. Llamamos a los y las trabajadoras a la huelga, a que participen de manera activa.

El coste de la vida en Euskal Herria es significativamente superior al del conjunto del Estado. Vivienda, energía, alimentación y servicios básicos absorben una parte creciente de los salarios, afectando de forma especialmente dura a quienes se sitúan en los tramos más bajos. Mantener un salario mínimo uniforme para todo el Estado español, ajeno a esta realidad, supone asumir como normal una pérdida estructural de poder adquisitivo y consolidar situaciones de precariedad crónica.

Desde una perspectiva anarcosindicalista, es imprescindible situar correctamente el marco del debate. El salario mínimo no es una cuestión meramente técnica ni administrativa, ni puede resolverse en espacios institucionales cerrados. Es, ante todo, un terreno más del conflicto capital-trabajo. Un salario mínimo propio debe servir para que el capital asuma los costes que hoy descarga sobre las trabajadoras y trabajadores: el encarecimiento de la vivienda, el aumento de la cesta de la compra, el deterioro de los servicios públicos ... El diferencial en el coste de la vida respecto a otros territorios no es accidental, sino consecuencia directa de un modelo económico que privatiza beneficios y socializa pérdidas. Las patronales se quejan regularmente de que los salarios en este territorio son, de media, más altos que en resto del Estado, pero rápidamente olvidan que el coste de la vida es aún más alto, además de haberse acelerado en los últimos años.

En este contexto, advertimos de los riesgos de confiar la resolución de este conflicto a la concertación social o a la supuesta voluntad del Estado. La experiencia demuestra que estos mecanismos tienden a desactivar el conflicto, subordinando los intereses de la clase trabajadora a equilibrios políticos y reforzando marcos de negociación favorables a la patronal y a los sindicatos institucionalizados.

Sin presión organizada y sostenida desde abajo, no hay avances reales ni duraderos. La convocatoria del próximo 17 de marzo, impulsada, entre otros, por ELA y LAB para presionar a las patronales Confebask y CEN y a los gobiernos autonómicos vasco y navarro en favor de un salario mínimo de 1.500 euros, llega tras el cierre en falso del debate por la vía parlamentaria. Este bloqueo ha vuelto a evidenciar que el parlamento no actúa como un espacio neutral, sino como una institución al servicio de los intereses de la clase propietaria y empresarial. Al mismo tiempo, el llamado diálogo social se consolida como un instrumento destinado a contener y neutralizar las reivindicaciones obreras, desviándolas hacia marcos inofensivos para el capital.

Desde esta perspectiva, entendemos el 17 de marzo como un paro de 24 horas necesario, como un primer paso, pero que debe analizarse con exigencia. Una huelga es una herramienta poderosa de la clase trabajadora y, precisamente por ello, no puede llevarse a cabo sin una preparación real en los centros de trabajo ni limitarse a un gesto de impacto mediático. De aquí a la jornada de huelga hay margen para desarrollar trabajo sindical en los centros y en la calle, más allá de los espacios militantes habituales. Sin ese anclaje en los centros de trabajo, la capacidad de presión se reduce y la huelga pierde eficacia como herramienta de lucha colectiva.

Si el objetivo es ganar, es imprescindible ir más allá de grandes manifestaciones y del cierre puntual de aquellos centros con mayor protección frente a represalias patronales. La huelga debe aspirar a detener de forma efectiva el tejido productivo, aunque sea durante un día. Y, si no se alcanza ese nivel de paralización, al menos debe servir para reforzar la organización: generar asambleas de trabajadoras y trabajadores que debatan cómo avanzar en la subida del salario mínimo y, por extensión, de los salarios en general. Sin ese fortalecimiento organizativo, resulta legítimo preguntarse qué se consigue realmente con parar un solo día.

Desde la CNT analizamos este escenario con una mirada crítica y práctica. Desde CNT hacemos un claro llamamiento a participar de manera activa en la huelga, ya que consideramos que el actual Salario Mínimo Interprofesional no garantiza unas condiciones de vida dignas para amplios sectores de la clase trabajadora, especialmente para quienes padecen mayores niveles de precariedad. El aumento del salario mínimo es una condición necesaria, pero no suficiente por sí misma. Debe formar parte de una estrategia más amplia de autoorganización, movilización y conflicto, que no delegue la defensa de nuestras condiciones de vida en instituciones ni intermediarios. La subida del SMI es claramente insuficiente si no va acompañada de otras medidas estructurales como el control efectivo de los precios a partir del IPC real, de la reducción de la jornada laboral sin pérdida salarial, de la eliminación de las distintas formas de precariedad, de unas pensiones justas y del fortalecimiento del poder de decisión de las trabajadoras y los trabajadores organizados. Sin estos elementos, cualquier aumento del salario mínimo corre el riesgo de ser absorbido rápidamente por el encarecimiento generalizado del coste de la vida.

La mejora real de los salarios no vendrá de concesiones voluntarias del capital ni de promesas electorales, sino de la capacidad de la clase trabajadora para organizarse, presionar y sostener el conflicto. Es en ese terreno, en la base, donde se sitúa y se situará la militancia de la CNT.

 

  • El sindicato advierte de que, tras años de ayudas públicas y ERTEs, la empresa vuelve a trasladar el coste de la crisis a la plantilla.
  • La medida supondría un fuerte recorte de empleo y derechos laborales, presentado por la dirección como única salida a la situación del grupo.

La sección sindical de CNT en Tubos Reunidos ha manifestado su rechazo frontal al Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado por la Dirección de Tubos Reunidos Group (TRG). “Contempla la destrucción de 301 puestos de trabajo, el cierre de la acería y la externalización de distintas secciones productivas”, señalan desde la sección. CNT exige la retirada inmediata de la medida.

Según la información trasladada por la empresa, este plan se justifica como una vía para garantizar la viabilidad del grupo. Sin embargo, desde CNT “consideramos que la destrucción de empleo y el deterioro de las condiciones laborales no constituyen una solución industrial ni estratégica, sino un recorte de costes”, que traslada el impacto de la gestión empresarial directamente a la plantilla.

La organización anarcosindicalista recuerda que TRG “ha encadenado durante años sucesivos expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) sin haber impulsado cambios organizativos o productivos suficientes” para adaptarse a la evolución del mercado. Al mismo tiempo, la compañía se ha beneficiado de financiación y recursos públicos, tanto a través de ayudas institucionales como mediante el uso de prestaciones por desempleo asociadas a dichos expedientes.

En este contexto, CNT cuestiona que, tras recibir apoyo público, la respuesta de la dirección “vuelva a centrarse en la reducción de empleo y la externalización de actividad”, medidas que, según la sección sindical, precarizan el trabajo y debilitan el futuro de la empresa.

El sindicato también señala la responsabilidad de las administraciones públicas, a las que reclama una mayor fiscalización del destino de las ayudas concedidas y de las medidas adoptadas por las empresas, con el fin de garantizar el mantenimiento del empleo y evitar que instrumentos excepcionales como los ERTE se conviertan en herramientas habituales de gestión del personal.

Finalmente, CNT hace un llamamiento a la unidad de la plantilla y a la defensa colectiva de los puestos de trabajo y de unas condiciones laborales dignas.

CNT reitera su oposición al ERE y defenderá por todos los medios el empleo en Tubos Reunidos

  • El largo bloqueo salarial culmina en un acuerdo
  • Las movilizaciones del personal impulsan la firma de un convenio con mejoras significativas

La Sección Sindical de CNT en la Mancomunidad de Servicios de Limpieza del Txorierri valora la firma de un nuevo convenio colectivo tras más de siete años de paralización. La formalización del acuerdo se realizó el martes 16 de diciembre.

Desde CNT recuerdan que el conflicto comenzó a intensificarse tras la implantación de la sección sindical en 2023. Tal y como señalan sus representantes, «nuestro primer objetivo fue corregir una injusticia histórica: que el personal realizaba funciones de peón especialista cobrando como peón». Esta reivindicación abrió un proceso que desembocó en la rescisión del contrato con la anterior empresa y en una nueva licitación, adjudicada a RSU-UTE Txorierri 2023.

Pese a ello, la falta de actualización del convenio desde 2018 mantenía un escenario de estancamiento salarial insostenible. La sección sindical subraya que «siete años sin renovación han supuesto una pérdida real de poder adquisitivo que la plantilla ya no podía asumir». Esta situación condujo a cinco jornadas de movilización entre el 8 y el 14 de octubre de 2025, acompañadas de la convocatoria de huelga para el 20 de octubre si no se lograba un avance real.

Durante las concentraciones frente a la sede de la mancomunidad participaron las y los trabajadores, la representación sindical y militantes de CNT, mostrando una unidad que obligó a la empresa a regresar a la mesa de negociación. Según la sección sindical, «la presión organizada de la plantilla fue determinante para desbloquear el conflicto y obligar a la empresa a asumir sus responsabilidades».

El acuerdo alcanzado recoge un convenio con vigencia retroactiva desde el 1 de enero de 2025 hasta el 31 de diciembre de 2028, incluyendo:

  • Un incremento salarial del 8,5% en 2025.
  • Actualizaciones anuales vinculadas al IPC hasta la expiración del convenio.

Aunque la firma representa un avance significativo, CNT advierte que la labor sindical continúa. «Este convenio no es un punto final; es un punto de partida. La plantilla seguirá vigilante para garantizar el cumplimiento íntegro del acuerdo y preparar nuevas mejoras de cara al 2029», remarcan desde la sección.

CNT concluye con un mensaje claro dirigido al conjunto de la clase trabajadora del Txorierri: «Las mejoras llegan cuando las plantillas se organizan y luchan. Solo mediante la acción sindical firme y colectiva podemos seguir conquistando derechos».

Está bien esperar la revolución cada día; pero es aún mejor salir a buscarla, forjándola minuto a minuto en las inteligencias y en los corazones.

El 25 de noviembre es el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, una violencia que, en el sistema capitalista en el que vivimos, se manifiesta en todos los ámbitos de la vida de las mujeres: en la familia, en el trabajo, en la calle, en la enseñanza, en las instituciones, en el acceso a la información, en las redes sociales…

Esta violencia no es solo física, sino que adopta distintas formas: desde los golpes hasta los menosprecios, la discriminación, la cosificación y las diversas expresiones de violencia sexual o económica.

La mujer trabajadora no solo debe defenderse de la explotación empresarial, sino también de la violencia que puede provenir de sus propios compañeros. Desde la CNT, trabajamos para que el sindicato sea una herramienta útil al servicio de la emancipación de las mujeres, y un espacio en el que podamos sentirnos seguras.

 

Para lograrlo, es imprescindible una toma de conciencia por parte de los hombres; una conciencia que no se base únicamente en las palabras, sino que parta de un análisis autocrítico y se materialice en hechos concretos. Solo así el sindicato podrá responder a los anhelos de la mujer trabajadora, forjando —como decía Lucía Sánchez Saornil— una revolución en las inteligencias y en los corazones.

Hace 50 años de la muerte del general Francisco Franco y el año que viene se cumplirán 90 desde el inicio de la sublevación militar fascista de 1936. Ambas efemérides están propiciando no pocas iniciativas institucionales y sociales que, más allá de la denuncia simbólica de los crímenes cometidos por el franquismo, alientan narrativas que chocan a menudo frontalmente con nuestro relato anarcosindicalista y libertario.

La memoria histórica, tal y como la entiende la CNT, abarca dos grandes campos de actuación:

Por un lado, la denuncia de los crímenes de lesa humanidad constitutivos de un genocidio y cometidos por la sublevación militar fascista, la consecuente guerra y el posterior terrorismo de estado que se materializa en la búsqueda de verdad, justicia y reparación (incluidas dentro de esta última las garantías de no repetición).

La otra vertiente de nuestra labor memorialista se basa en la recuperación de la memoria sociopolítica de nuestra militancia, de nuestro universo organizativo (sindicatos, grupos de afinidad, Mujeres Libres, comités de defensa, cooperativas, escuelas, grupos excursionistas, teatrales, publicaciones periódicas, editoriales…) y de la alternativa socioeconómica que el anarcosindicalismo convino en llamar comunismo libertario.

La búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación propicia pequeñas victorias parciales como pueden ser la exhumación de algunas fosas, pero se estrella una y otra vez con la piedra angular del modelo de impunidad español: la Ley de Amnistía de 1977. Esta ley “de punto final” constituye un hito fundamental para entender por qué no se puede enjuiciar el genocidio franquista y cómo es posible que medio siglo después de la muerte del dictador su legado de terror perdure en la estructura política, económica y social españolas sin que se haya implementado una sola medida de justicia transicional.

La ley de Amnistía de 1977 indulta al antifranquismo y amnistía a los criminales amparando su legitimación en el apoyo de organizaciones que sí sufrieron en sus filas el genocidio (PSOE, PCE y PNV) pero que, con la vista puesta en el “reparto del pastel” que propiciaron los Pactos de la Moncloa, condenaron al ostracismo a sus propias víctimas. Este y no otro es el pilar fundamental de una transición que durante décadas se nos ha querido vender como ejemplar y exportable a terceros países. La “teoría de los dos demonios” y el creciente revisionismo histórico de carácter fascista que ya no se disimulan constituyen los nuevos andamiajes de una impunidad que perdura 50 años después.

Nuestra batalla por el relato no se circunscribe únicamente a la categorización penal de los crímenes franquistas o al tratamiento jurídico que reciben las víctimas. La práctica coherente de la memoria histórica con perspectiva de clase abarca también el campo de la narrativa ideológica. La práctica más extendida entre los agentes institucionales y sociales que abordan el 50 aniversario es la de presentar a todas las organizaciones antifascistas bajo el paraguas del republicanismo de izquierdas. Asociada a esa misma narrativa, existe cierta tendencia a exagerar el papel y las fuerzas del PCE atribuyéndole una cuota de representación obrera que no obtuvo hasta el tardofranquismo. Abordar la memoria histórica con ese grado de simplificación y tergiversación no contribuye a un análisis riguroso de los hechos y tan solo beneficia las narrativas de quienes difícilmente pueden justificar ante la historia y su público el proceder y la deriva de sus organizaciones históricas. No es nuestro caso. La CNT y el Movimiento Libertario han demostrado invariablemente su compromiso con la veracidad del relato histórico. Para el anarcosindicalismo, solo la investigación fidedigna y la divulgación sincera de las luchas, debates e ideas que conformaron esa etapa histórica garantizan el entendimiento y aprovechamiento actual de la experiencia autogestionaria de masas del verano de 1936 que alumbró las esperanzas revolucionarias de una clase trabajadora no tutelada por partidos ni por estados.

El recuerdo y homenaje a la militancia histórica que luchó por un mundo nuevo está presente en nuestro quehacer diario y hoy evocamos la figura del compañero Durruti, muerto el 20 de noviembre de 1936 defendiendo Madrid. La reivindicación de su memoria sociopolítica y la interpretación de su lucha nos compete directamente. Cuando desde las instituciones se implementan políticas públicas de memoria histórica sin contar con la organización histórica que más bajas tuvo en sus filas, cuando organizaciones no históricas se lanzan al memorialismo desde el presentismo o cuando se pone el foco en la lectura política de familiares que no comparten ideología con la víctima, se vulnera el trinomio de la verdad, la justicia y la reparación (incluidas las garantías de no repetición), dando lugar a interpretaciones interesadas, parciales y sin sesgo de clase o revolucionario.

Hoy, 50 años después de la muerte del genocida, imbricamos la memoria histórica con las luchas actuales y continuamos creyendo en la necesidad y viabilidad de un mundo sin clases ni estados. Seguimos apostando por un modelo sindical único y realmente efectivo, basado en la solidaridad y en la acción directa. Reivindicamos como única garantía válida de no repetición la abolición del ejército, de los cuerpos represivos y de la industria militar, así como la salida de España de la OTAN y la expulsión del ejército estadounidense de las bases que entregó Franco. Hoy, como ayer, seguimos teniendo compañeras presas por hacer sindicalismo. Cada vez más evidencias como la crisis de la DANA o la de los incendios forestales corroboran que el apoyo mutuo y la autogestión siguen siendo alternativas autoorganizacionales más fiables que el estado ante situaciones de colapso.

Hasta hace 50 años, luchábamos contra Franco, después contra el régimen del 78. Ahora y siempre, contra el estado y el capital, por el comunismo libertario.

 

  • Hacemos un llamamiento a participar en las movilizaciones”, señalan desde CNT Bilbao.
  • “Este ha de ser el primer paso para lograr una movilización masiva que trascienda fronteras, hasta pararlo todo”, señalan desde la central anarcosindicalista

Desde CNT Bilbao secundamos los paros convocados para el 15 de octubre en Euskal Herria peninsular.

Ese día, la clase trabajadora está llamada a tomar las calles y levantar la voz por el pueblo palestino, víctima de un genocidio sostenido durante décadas con la complicidad de los Estados y de las grandes potencias económicas.

Las organizaciones convocantes plantean como objetivos de la convocatoria los siguientes puntos:

  • Denunciar los crímenes de guerra y la ocupación colonial que Israel ejerce sobre Palestina, con el apoyo activo del gobierno de Estados Unidos y la pasividad cómplice de la Unión Europea.
  • Reclamar el fin inmediato del genocidio en Gaza y el cese de todas las relaciones comerciales, militares y diplomáticas con el Estado de Israel.
  • Exigir la suspensión del Acuerdo de Asociación entre la UE e Israel, que legitima y sostiene económicamente la ocupación.
  • Reafirmar la solidaridad internacionalista de la clase trabajadora frente a la barbarie imperialista.

Desde CNT, llamamos a participar activamente en las movilizaciones del 15 de octubre, a llenar las calles y que en los centros de trabajo quede claro que la clase trabajadora “no mira hacia otro lado ante la injusticia”. Desde la organización entendemos que el alto el fuego es insuficiente, y que el genocidio no ha finalizado, por lo que se mantienen las razones para movilizarse este 15 de octubre.

También llaman a participar el 25 de octubre en la manifestación convocada por “Gure Haurrak ere dira”, en contra del asesinato de niños y niñas por parte de Israel.

Porque la solidaridad no se declara, se practica. Porque ningún pueblo es libre mientras otro siga oprimido.

 

  • Siete años sin convenio en limpieza viaria y bloqueo en la RSU-UTE Txorierri
  • "Realizaremos concentraciones desde el 8 de octubre, y si la empresa no quiere negociar, iremos a huelga a partir del día 20", señalan desde la sección sindical

Desde la sección sindical de CNT "queremos trasladar públicamente nuestro apoyo" a las movilizaciones y a la huelga convocadas en la limpieza viaria y recogida de residuos sólidos urbanos (RSU) en RSU-UTE Txorierri.

Un conflicto enquistado desde hace años

El origen de este conflicto no es reciente. En el servicio de limpieza viaria, la plantilla lleva desde 2018 sin convenio colectivo, lo que supone más de siete años con sus condiciones congeladas. En el caso del servicio de la UTE de Txorierri, aunque se llegó a un acuerdo para equiparar ambos servicios, la empresa se niega sistemáticamente a aceptar unas condiciones laborales justas durante la negociación.

Esta falta de voluntad negociadora por parte de la empresa mantiene a los y las trabajadoras en una situación de precariedad que no solo afecta a sus condiciones de trabajo, "sino también a la calidad del servicio que se presta a la ciudadanía", señalan desde la sección sindical.

Calendario de movilizaciones

Ante el cierre patronal en la mesa de negociación, las trabajadoras y trabajadores han decidido dar un paso adelante y movilizarse. Se ha fijado un calendario de concentraciones que comenzará esta semana y se prolongará durante la próxima, todas ellas a las 13:00 horas:

  • Miércoles 8 de octubre
  • Jueves 9 de octubre
  • Viernes 10 de octubre
  • Lunes 13 de octubre
  • Martes 14 de octubre
  • Miércoles 15 de octubre
  • Jueves 16 de octubre
  • Viernes 17 de octubre

Si tras estas movilizaciones no se alcanzan avances reales, el 20 de octubre comenzaremos con la huelga.

Un llamamiento a la solidaridad

Desde la sección sindical de CNT consideramos que esta lucha es un ejemplo de la resistencia de la clase trabajadora frente a la precarización y la falta de respeto de las empresas hacia los derechos laborales. Se trata de un servicio indispensable para la ciudadanía, y las personas que lo sostienen merecen condiciones dignas y reconocidas.

Por ello, hacemos un llamamiento expreso a la solidaridad de clase trabajadora y de la militancia de CNT y al apoyo activo del conjunto de la sociedad, porque esta lucha no es solo por un convenio: es por la dignidad y la justicia laboral.

Entrevistamos a las compañeras en huelga de la Sección de CNT en la empresa Can Mansana.

El mejor ejemplo de la utilidad de la Caja de Resistencia de la CNT lo ponen sus militantes. Las compañeras de la sección de CNT en la empresa Can Mansana, una empresa de arqueología en Cataluña, cumplirán este 13 de septiembre de 2025 un mes de huelga. Casi una semana después, el pasado 19 de septiembre tuvieron la primera reunión con la empresa y las compañeras resisten centradas en su lucha gracias a que tienen a todo un sindicato apoyando detrás.

En la sección de CNT en Can Mansana no se cuentan sólo las días de huelga, las horas de piquete ni los comunicados, sino los días que pasan sin que nadie de la dirección descuelgue un teléfono. “Llevamos casi un mes y la empresa está en cerrazón”, dice una compañera, “están dispuestos a negociar todo excepto al tema de los fijos discontinuos «.

No es nuevo. “Llevamos más de un año intentando negociar ciertos aspectos: la categoría, el IPC que no se actualiza y otros aspectos laborales”. Mientras tanto, la empresa decidió que la mejor forma de solventar el aumento de la carga de trabajo primero con un ERE que afectó a 30 trabajadores, después contratos temporales como quien pone parches en un neumático gastado. “Cada nueva persona que entraba era con fijo discontinuo. Y dijimos ojo, porque esto va a ser la dinámica” resalta la compañera.

Los cuatro puntos de la huelga son muy sencillos de cumplir: estabilidad laboral en contra de los contratos de fijo discontinuo, respeto a la categoría profesional, cumplimiento de la subida IPC por convenio y unas condiciones mínimas de seguridad en un trabajo, apenas hay cascos o andamios ni revisiones médicas ni cursos de prevención. “Es un trabajo peligroso”, subraya.

Aquí entra en juego la Caja de Resistencia, ese invento sindical que es una mezcla de salvavidas y botiquín. “Es un soporte increíble. Lo más duro de una huelga es llegar a fin de mes, pagar el alquiler, el supermercado. El mayor freno es no poder sostenerse”. La Caja es como un colchón que evita el golpe seco contra el suelo. “Sin ella, a las dos semanas la gente entraría en pánico. Así podemos centrarnos en la huelga, en los piquetes, sin miedo”.

La militante lo cuenta sin grandilocuencia, con la calma de quien lleva semanas de pulso. El consejo, dice, es prepararlo todo con tiempo. No hay épica en su voz, hay cansancio y hay cálculo: “La empresa juega a esperar a que cedamos. Pero cuando ven que aguantamos, son ellos los que empiezan a preocuparse”. La primera reunión ha sido lo esperado y con la preocupación por parte de la empresa de mostrar cualquier debilidad: «Nos han pedido que lo recapacitemos y que les demos una vuelta, pero creo que están más más preocupados de lo que dejan dejan entrever en este momento«.

En la CNT sabemos que una huelga no se mide sólo en números, sino en resistencia: pese a que las empresas pasen semanas sin respuesta, ni querer negociar con los trabajadores, al otro lado hay un sindicato dispuesto a todo y con la capacidad de aguantar el pulso hasta el final.

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