03/04/2025

¿MIJAIL?

Escrito por Gonzalo Mañes

“Mijail”, le demandé, titubeando al librero, un personaje adusto, entrado en años, de aire poco ameno, y no muy puesto (ni dispuesto) en buscar libros “raros”, como él los llamaba.

¿Pero cómo se apellida tu ruso?...dudé… ¿Bulgákov?

Al final, rebuscado en un anaquel polvoriento dio con un ejemplar del Maestro y Margarita, arrumbado en un rimero de autores, “invendibles”, se quejó. Pagué el óbolo y me llevé conmigo, en aquella mañana neblinosa, de chaparrón, aquel extraño artefacto literario cuyo mayor atractivo era para mí, en aquella ya lejana época, su título, reminiscencia del romanticismo germánico tan ligado a la lectura de Goethe (en traducciones a veces ilegibles) y que me había llevado a autores como Novalis, Heine y otros…mundos hiperbóreos poblados de extrañas y delicadas criaturas no humanas.

Y lo comencé…con ganas, pese a esa manía tan rusa de ir mutando los nombres, al filo de los capítulos, con diminutivos o apelativos familiares que hace ardua la lectura. Lo intenté, lo reintenté y al final quedó sepultado en algún lugar del que poco o nada sé, olvidando al autor durante décadas hasta estas pasadas navidades en las que un amigo, sabiendo mi afición literaria, quiso sorprenderme hablándome de su última adquisición:

- ¿A qué no conoces el libro que estoy leyendo?

Ni idea…pues es “El Maestro y Margarita” …¿seguro que ni lo has leído? añadió. He de confesar que mentí como un bellaco y dije que sí, que por supuesto, que hacía muchos años, aunque ya no me acordaba de casi nada, no fuera a preguntarme…y fueron, quizá, las ganas de enmendar mi olvido y, de paso, corregir el embuste las que me empujaron nada más aterrizar por estos pagos, a encargar, de nuevo, “El maestro y Margarita” esta vez en su edición francesa, elegida por su traductor, André Markowivz.

André Markowicz es un curioso poeta y traductor: nacido en Praga, de madre rusa, hija de una reclusa deportada por Stalin a Siberia y de padre georgiano, su mundo ha sido y es la lengua rusa, más concretamente, el ruso de Pushkin, como él mismo ha declarado, y que le ha llevado, recientemente, a publicar, en la colección “Dictionnaire amoureux” de Plon, la semblanza de su íntima relación con el autor, padre de las literaturas rusas y casi del propio idioma.

Poeta y traductor enciclopédico, ha dejado algunas de las mejores versiones de Dostoyevski, Tolstoi o Gogol, siempre con una esmerada orfebrería en el tratamiento del lenguaje capaz de verter ideas y pasiones genuinamente rusas en moldes galos, más civilizados y cartesianos. La inmensidad irrevocable, indomable, del universo ruso, de su ausencia de límites, siempre excesivo, de ese universo que colinda con el Asia y la Europa sin decidirse nunca, ¿para qué hacerlo?, contenidos en la geometría rectilínea y civilizada de una cuidada prosa francesa.

El “Maestro y Margarita” es una obra-océano, que arranca en un parque moscovita, en un anochecer cualquiera, en el que se deja caer el mismísimo diablo que con sus secuaces, sembrarán, al filo de la trama, el caos, el desconcierto, en un Moscú férreamente sumiso a la bota estaliniana. Imposible de resumir las peripecias, viajes alucinados, vuelos, porque hay vuelos, recorriendo las inmensas taigas rusas y mujeres que devienen brujas, y un extraño gato circulando en la plataforma del tranvía o conversando plácidamente con los espectadores de un teatro y luego está esa otra novela que se inserta en la principal, venéreo subterráneo, que nos lleva a la Galilea de hace 2000 años…. ¿Es una huida frente a la dictatura, como en un ensueño despierto?1 Esa misma dictadura que acabaría con Mandelshtam, amordazaría a Pasternak e intentaría domar a Prokofiev o Shostakóvitch entre otros tantísimos genios …tanto horror y tanta hondura en ese universo rebosante de vértigo.

Que el lector de estas líneas olvide todo lo anterior, se desnude de cualquier idea o perjuicio y se adentre, como únicamente se hace en la infancia, limpia la mirada, en la lectura de esta obra, quizá la mayor de la literatura rusa del SXX…la eterna Rusia, con sus contradicciones, sus inmensidades y sus angosturas, le aguarda…un viaje transformador: “c’est le voyage qui vous fait ou vous défait”2.

1 Existen otras huidas ante la impotencia, así el llamado “síndrome de resignación infantil” detectado en los años 2000, y reconocido en 2014 por la Agencia Sueca de Salud, por el que niños sanos de familias que habían visto rechazadas sus demandas de asilo, se sumían en un coma profundo sin aparentes causas: la última Thule.
2 Nicolas Bouvier, “L’usage du monde”