Las armas del enemigo

En tiempos pasados, no hace tanto, en el enfrentamiento cotidiano de la anarcosindical contra el estado, este empleaba la represión, en forma de despidos, detenciones, torturas o simplemente el asesinato. Hoy día el capital ha variado las formas y se ha vuelto más sutil.

La violencia sigue existiendo por supuesto, de mil formas distintas, y para ejercerla el estado dispone de un carísimo aparato de terror basado en sus fuerzas policíacas, su aparato judicial y legislativo, el ejército y las prisiones. Pero el capital sólo lo emplea cuando las cosas empiezan a escapársele de las manos. Encuentra más cómodo y sensato emplear parte de sus fondos en propaganda, machacando los cerebros de la gente con la idea de que este es un mundo estupendo, que tenemos mucha suerte de haber nacido aquí y no en Ruanda o en Bosnia y que el pensar en revoluciones o en cambios sociales es una locura.

El capitalismo democrático institucionaliza a los movimientos que se le oponen. De esta forma subvenciona sindicatos, partidos y asociaciones que se convierten en filiales del mismo. Les marca el terreno y los cauces por los que se deben mover. Se discute sobre quién debe mandar, pero no se cuestiona el que exista un mando.

El capitalismo democrático es además un sistema atractivo. Atrae a los individuos como la miel a las moscas.

Las poblaciones indígenas del Amazonas que han sobrevivido al genocidio, cuando tras luchas y sacrificios consiguen que el gobierno les reconozca derechos sobre sus tierras, o que les ceda porcentajes sobre las explotaciones mineras de oro por ejemplo, se construyen casas, plantan parabólicas y ven culebrones en portugués. El ideal a que aspiran los pueblos que mantiene el capitalismo asolados por pestilencias, hambrunas y guerras, (para recordarnos a nosotros lo bien que vivimos), es la democracia capitalista. El sistema bajo el cual padecemos aquí.

Si alguien le planta cara a la democracia, al estado, a la empresa, y no baila al son que le tocan, antes de emplear la represión, es posible que usen:

- La calumnia. Te atacan con algo que tú tienes que preocuparte de demostrar que no es cierto. Te pueden acusar de chivato, alcohólico, drogadicto, violento...

- El rumor. El rumor tiene la ventaja de que se deja caer, y corre solo. No hay que dar la cara. Documentos internos de ciertos sindicatos lo aconsejan y describen como los nazis, en los años 30, descubrieron que un rumor podía atravesar Alemania en tres días.

La anarcosindical no emplea jamás ni la calumnia ni el rumor. Esos métodos quedan para las mierdas que colaboran con el capital. La lucha de CNT es siempre franca y abierta.

- La descalificación. Acusarte de "no representativo", "no dar alternativas", "estar hundiendo la empresa", son frases que se emplearán para poner a la gente contra la anarcosindical. Nuestra misión es darle la vuelta a este ataque, dirigirlo contra el que lo envía y demostrar qué tipo de representatividad tiene le que habla, qué alternativas nos dan, y que quien realmente hunde siempre una empresa es la patronal, por interés o incompetencia.

Lo que pide la anarcosindical es, menor jornada de trabajo, mantenimiento del empleo, defensa de los intereses de les trabajadores, que los gastos de reconversiones recaigan siempre en la empresa...

Nuestra alternativa es la transformación social, la revolución.

No caigas, en general, en la trampa de buscar alternativas capitalistas al capitalismo. Es decir, los planes de viabilidad basados en despidos o apertura de nuevos mercados, deja que los elabore la patronal.

Esa gentuza se adapta a lo que tiene a su alrededor. Si es un ambiente pasivo, echará la reconversión y las facturas al mundo del trabajo. Pero si la gente es hostil buscará otro tipo de soluciones.

- La compra. A veces, si nada de lo anterior da resultado, se procura quitar a la persona molesta del medio, ofreciéndole mejores empleos, salarios, privilegios... Dependerá cada cual el saber cual es su interés y qué debe hacer.

- La represión. En forma de juicios, despidos, sanciones, multas, persecuciones etc.

Todo ello apoyado por un impresionante despliegue de medios técnicos, humanos y económicos: equipos de asesores, psicólogos, medios de comunicación y control de masas, fuerzas armadas, guardias de seguridad, cuadros de mandos, sindicatos institucionalizados, partidos políticos... que se encargarán de que las cosas discurran por los cauces establecidos, y que los pueblos permanezcan en la pasividad y la ignorancia, los principales aliados del estado-capital.

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